La Agencia 314, de Amalia Elvira Ferrari, de Puerto Rico, recibió una distinción del IPLyC por ser la pionera en comercializar juegos de azar en el interior de Misiones. El galardón fue entregado durante el almuerzo de cierre de año junto a la Red de Ventas, que se realizó recientemente en Oberá. El comercio comenzó a funcionar el 27 septiembre de 1977 y se convirtió en un verdadero pilar de la institución y referencia para las demás agencias. A lo largo de casi cinco décadas, demostró una trayectoria ejemplar, sostenida por el compromiso, la responsabilidad y la confianza que brinda día a día a los apostadores. La historia de la 314 es parte fundamental del crecimiento del Instituto y de la consolidación de sus acciones comerciales.
Emocionada, Ferrari manifestó que recibir la mención significó una “sorpresa muy linda”. Dijo que ahora son sus hijos: Oscar y Carlos, quienes están al frente del negocio pero que “no cambió mucho la forma de trabajar, porque los chicos siguen nuestros pasos, siempre entregando lindos premios. Nuestra clientela tiene mucha suerte. Estamos orgullosos del camino recorrido”.
La agencia abrió hace 48 años y si bien la posta la había tomado el esposo de Ferrari, Calixto Samudio, el comerciante no pudo registrar el negocio a su nombre porque como ciudadano paraguayo aún no había obtenido la Carta de Ciudadanía. Amalia era ama de casa y Calixto, chofer de taxi y tras la adjudicación de la Agencia se hicieron responsables de la Zona III que contemplaba a las localidades de San Vicente, Dos de Mayo, Aristóbulo del Valle y Campo Grande y El Alcázar hasta San Ignacio.
Samudio había admitido que los primeros tiempos fueron muy difíciles. “No sabíamos nada de estas cosas y empezamos a buscar a los vendedores”, recordó y mencionó las oportunidades en que debieron cruzar el arroyo Cuñá Pirú en un bote debido a la crecida del cauce, a fin de cumplir con los apostadores. “El personal de Prefectura Naval nos hacía cruzar, llevando las jugadas y del otro lado nos esperaba la camioneta del IPLyC para hacer el trasbordo. Era realmente una aventura hermosa”.
Añadió que “llevar las jugadas desde Puerto Rico hasta el IPLyC era un acto sagrado y nunca perdimos un sorteo. Tenía que llegar a horario, aunque lloviera, tronara, o lo que fuera”.